Con esta entrada quiero hacer un homenaje a todas aquellas personas con diabetes o sin diabetes que os habéis ido como voluntarios a los campamentos o colonias de diabetes.

Este año yo no he ido, después de 10 años de haber acompañado a los niños de la asociación de mi ciudad, este año decidí que no iba a ir.
Quiero dar mi más sincera enhorabuena y homenajear a estas personas, porque sé el trabajo que conlleva el organizar un campamento, tanto el tema médico, material y actividades, la organización de los menús, la organización de las habitaciones, el material, la asignación de niños a cada monitor, el cansancio acumulado tras unas cuantas noches de controles…

Y todo ello hecho de manera altruista, renunciando a días libres o días de trabajo en el caso de los autónomos.

No penséis padres que los voluntarios que hemos acompañados a vuestros hijos nos vamos de jornadas lúdicas, nosotros no nos vamos a disfrutar de las actividades (lo disfrutamos de otra manera), los monitores y voluntarios durante los días que dura el campamento hacemos lo que vosotros hacéis las 24 horas, los 365 días al año con vuestros hijos y con el control de la diabetes, pero en otro ambiente con otras normas y otras (muchas) maneras de entender la diabetes.

Todos sabemos los beneficios que aporta el campamento y colonias de diabetes al niño (sentimiento de pertenencia al grupo, aumenta su autoestima, aprendizaje de la gestión de la diabetes y solucionar distintas situaciones adversas en ambientes no habituales, todo ello en un ambiente distendido, lúdico sin esa presión que a veces sometemos a los niños por intentar un buen control).

No es el objetivo conseguir controles perfectos, el objetivo de las colonias /campamentos, es disfrutar de todas y cada una de las actividades que se hagan, haciéndoles ver que la diabetes no es obstáculo alguno (y si ocurre alguna situación no deseada, aprender a solucionarla para poder seguir la actividad).

Recuerdo a Ana (6 años) que el primer día de campamento quiso pincharse ella sola la insulina y así lo hizo, recuerdo esa vocecita contando diez despacito y diciendo “grábame, grábame para que me vean “.

Pero si cosas buenas aporta al niño, al monitor /voluntario que acompaña le aporta mucho, yo diría que muchísimo también.

Cuidar de una persona con diabetes no es nada fácil, ¿verdad papás?

La teoría te la sabes, piensas en lo que harías si fueras tú el que está en esa situación, pero al estar con tantos niños te hace ver la diabetes desde otra perspectiva, se amplía el campo de visión y empiezas a entender muchas cuestiones que te plantean en la consulta si eres sanitario o lees en las redes sociales.

Si no tienes diabetes te das cuenta de lo que es el día a día, la cantidad de decisiones que se toman, y los errores que se pueden cometer, si eres monitor con diabetes ese sentimiento de pertenencia al grupo se acrecienta mucho más.

Te das cuenta de que hay tantas formas de llevar la diabetes como niños te has llevado, descubres qué familias  lo llevan bien, y qué familias lo llevan mal, y no me refiero a los niveles de hemoglobina glicosilada.

Aprendes, aprendes a aplicar la teoría, trabajo en equipo, pero también te dan lecciones de fuerza, valentía, adaptación y sobre todo vida, mucha vida que vivir.

Así que, si no os lo ha dicho nadie, ENHORABUENA a todos los monitores/voluntarios, sois grandes personas y grandes profesionales, GRACIAS POR ESTAR, y que nunca nunca faltéis.

LA MEJOR RECOMPENSA ES ESA SONRISA…

Dedicado al mejor equipo de monitores con el que he podido trabajar, María José Otón, Antonio, Daniel, Luis, Carmen, Menchu, Dani Calvo, Mariví, Carmen, Chema, Ana…

Pilar

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